Quien escribe el blog

Sobre mí

Hoy, a los 59 años, una voz interior que me acompaña desde la infancia insiste en que ha llegado el momento de contar mi historia.

Fui aquel niño que corrió descalzo por calles de tierra y piedra, que montó caballitos de palo y jugó con canicas y trompos. Aquel que le temía a las brujas de los cuentos nocturnos, pero encontraba un consuelo infinito mirando al cielo, fascinado al ver cómo las estrellas del cosmos se confundían con la luz tibia de los cocuyos.

Fui también el adolescente que, entre goles y sueños de fútbol, descubrió que la física, la geometría, la historia, la música y el arte no eran materias colegiales, sino mundos reales esperando ser habitados. En mi mente de muchacho, esas intuiciones tomaron la forma de Einstein, Maxwell, Pitágoras, o el eco lejano de las voces de Platón, Descartes y Kant.

El quiebre y la partida

Pero la vida impone sus propios ritmos. Un día llegó el momento inevitable de partir de casa, sin brújula ni certezas, cargando apenas un título y ninguna experiencia.

Aquella marcha hacia el mundo profesional no fue la materialización de un sueño infantil; fue, tal vez, una larga pausa. Un camino noble que me enseñó la disciplina de cuidar lo que funciona, pero que mantuvo en suspenso mi lado más sensible.

Hoy me pregunto si esa profesión fue la expresión de mi verdadero ser o si fue el refugio donde mi verdadera música quedó resguardada, esperando paciente su momento para brotar.

De ese dilema y de esa búsqueda nace esta bitácora: no como un ejercicio de nostalgia, sino como el regreso decidido a ese cauce secreto que de niño intuí y que hoy sigo persiguiendo con el asombro intacto.

Las raíces y el refugio

Nada de lo que soy habría echado raíces sin el sostén amoroso de mis padres, hermanas y hermanos, y de dos pilares que, en silencio y con solidez inquebrantable, amparan la arquitectura de mis días:

Mi esposa: artista original y auténtica, quien logra traducir en textura y color al acrílico aquello que mis palabras apenas alcanzan a rozar.

Mi hija: entregada a la profundidad del estudio y consagrada con éxito al noble arte del ajedrez, enseñándome a diario que la paciencia y la estrategia también son hermosas formas del amor.

A todos ellos les debo más que estas líneas: les debo la vida misma que hoy me atrevo a compartir.

Una pausa en el camino

Entre los Matices nace como una pausa necesaria. Es un espacio creado con la lentitud y el esmero con que se prepara un café o un plato tradicional.

Este es un rincón para la conversación y el asombro. Un lugar para encontrarnos: en el silencio de una caminata entre los árboles del parque, en las páginas de un buen libro, entre las notas de una canción o bajo la inmensidad del cosmos.

Aquí se comparte con honestidad la admiración profunda por el lienzo que cuelga en nuestra pequeña sala de exposiciones, el placer de una conversación que revela algo nuevo del otro, y las bellas tonalidades verdes de las plantas de un pequeño patio.

Y la convicción de que escuchar para entender al otro es la forma más pura de generosidad.

Bienvenido a esta conversación. Este es el testimonio de un aprendiz constante que decidió abrir las puertas de sus días, convencido de que la vida solo vale la pena si se comparte desde el corazón.